Propósito de vida: navegando con confianza

Hablar de propósito sin mencionar la protección o seguridad es como abordar la innovación y no reflexionar sobre el paso previo que viene con el desarrollo de la creatividad. Sin creatividad la innovación perderá mucha fuerza, y sin seguridad nuestra capacidad de explorar y de conectar con un propósito se debilitará.

¿Cómo podemos navegar hacia nuestro propósito y trascendencia con una base sólida?

El psicólogo Scott Barry Kaufman plantea una metáfora para abordar el propósito y la trascendencia un velero.

La base del velero: protección

La base del velero, el casco, representa la protección, y comprende las necesidades de seguridad, conexión y autoestima.

La necesidad de seguridad, y las necesidades que la acompañan, estabilidad, certeza, previsibilidad, coherencia, continuidad y confianza en el entorno, constituyen la base sobre la que se satisfacen todas las demás. La coherencia es muy importante pues nos permite sentir predictibilidad y se relaciona con nuestra sensación de seguridad.

El autor también vincula la seguridad con los estilos de apego, planteados por Bowlby y Ainsworth, que pueden ser un apego seguro, evitativo, ansioso o desorganizado. Ser conscientes de estos y buscar acercarnos a un apego seguro, que es básicamente uno que puntúa bajo en ansiedad y en ser evitativo, nos brindará un mayor sentido de seguridad.

Carl Rogers decía que seguridad y exploración se necesitan mutuamente. Cuando encuentras seguridad en ti, puedes lanzarte a explorar nuevas posibilidades. Y en ese viaje de exploración, tu seguridad también crece. Ese movimiento constante es lo que te permite descubrir quién eres realmente y hacia dónde quieres ir.

La conexión es también fundamental para una base sólida en nuestra vida, se compone de dos frentes: i) La sensación de pertenecer, de ser querido y aceptado; y ii) la necesidad de intimidad, de mutualidad, de estar conectados con los seres que amamos. Alrededor de la intimidad, el autor menciona las conexiones de alta calidad, que son interacciones que te nutren y hacen sentir bien.

La autoestima es el tercer componente del bote del velero, la actitud más importante que tenemos puede ser la que tenemos hacia nosotros mismos. Sentir que valemos y tener confianza en la eficacia de nuestras acciones nos da una base fundamental para el crecimiento. La autoestima se correlaciona con la satisfacción que tenemos sobre nuestra vida. Investigaciones recientes sugieren que una autoestima saludable es resultado de logros genuinos y una conexión íntima con los demás, así como de una sensación de crecer y desarrollarse como una persona integral.

¿Qué es una autoestima sana según Barry Kaufman? Se apoya en la investigación moderna, que ha identificado dos facetas distintas de una autoestima sana: la autovaloración y el dominio. El primero es la valoración que tienes sobre ti mismo (que te quieras, que te sientas cómodo contigo, que sepas que vales), y el segundo es que te sientas capaz para lograr tus metas y objetivos de vida.

La vela del velero: crecimiento

Una vez que ya has fortalecido esta base, pasas a ver la vela, que es el crecimiento y la componen las necesidades de exploración, amor y propósito.

La exploración se enmarca alrededor de la exploración cognitiva, que comprende dos características distintas pero relacionadas: la apertura a la experiencia y el intelecto. Mientras que la apertura a la experiencia refleja un impulso hacia la exploración de información estética, afectiva y sensorial a través de la imaginación, la percepción y la actividad artística, el intelecto refleja un impulso hacia la exploración de información intelectual abstracta y verbal, principalmente a través del razonamiento.

La aproximación sobre el amor es muy interesante, se sostiene sobre lo que Maslow distinguió como el “amor necesitado” del “amor que no necesita” y se refirió al primero como amor D (amor por deficiencia) y al segundo como amor B (amor por la existencia de otra persona. Mientras que el amor D puede ser gratificado, el concepto completo de gratificación difícilmente se aplica al amor B. Quienes aman desde una perspectiva de amor B no necesitan recibir amor, salvo en dosis constantes y pequeñas de mantenimiento, e incluso pueden prescindir de ellas durante períodos. Quienes aman desde una perspectiva de amor D podrían decir “amo porque me aman” o “te amo porque te necesito”, otra persona desde el amor B diría “soy amado porque amo”, o “te necesito porque te amo”.

En su libro El arte de amar, Erich Fromm argumenta que el amor maduro es un proceso activo, no pasivo; una actitud, no un sentimiento. La belleza de ver el amor como una actitud, o una orientación hacia los demás, radica en que no es necesario esperar a sentir una resonancia positiva con otra persona para actuar con amor hacia ella.

Las personas con amor B tienen un alto nivel de preocupación universal (compromiso con la igualdad de oportunidades, la justicia y la protección de todas las personas), tolerancia universal (aceptación y comprensión de quienes son diferentes a uno mismo y promoción de la armonía y la paz entre grupos diversos), confianza y responsabilidad con sus seres queridos, y bondad y cariño con sus amigos y familiares cercanos.

Finalmente, el propósito puede entenderse como una aspiración general que impulsa los esfuerzos y proporciona una fuente central de significado y trascendencia en la vida. Encontrarle un significado a lo que haces, y alinear tus metas con la visión que tienes para tu vida te acercará a tu propósito. Por eso el propósito se construye sobre lo anterior, si ya has desarrollado una sensación de seguridad, de conexión, de exploración y de amor, te será más fácil poder elegir un camino que esté alineado con tus valores y motivaciones intrínsecas.

Navegar tu velero te acerca a la trascendencia, que se da cuando hay una base sólida de seguridad y crecimiento, cuando combinas aceptación, sabiduría y una sensación de estar conectado con el resto de la humanidad. Barry Kaufman define la trascendencia sana como “el fenómeno que resulta de la integración armoniosa de la totalidad de uno mismo, al servicio de cultivar el bien en la sociedad” (2020, p. 218). Menciona que no implica sentirse fuera del todo, o superior a los demás, sino en ser una parte armoniosa de la existencia humana. Y más que un nivel a alcanzar es el norte en una brújula.

La metáfora del barco me hace mucho sentido. Alternamos protección y crecimiento, la primera nos permite estabilizarnos y la segunda explorar y crecer, para trascender. Tu propósito y el camino hacia la trascendencia no son un lugar al que llegas, ni una meta que marcas en un mapa. Es un viaje, una travesía que combina momentos de calma y momentos de viento fuerte. Y en cada paso, vas descubriendo más sobre ti, y creciendo como persona.